Más de 10 millones de personas ingresan menos de 20.000 euros al año y así influye en el acceso a una hipoteca

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Los ingresos son uno de los factores que los bancos analizan al estudiar una solicitud hipotecaria. Con millones de contribuyentes por debajo de los 20.000 euros anuales, conocer la capacidad de endeudamiento y planificar la compra resulta fundamental antes de solicitar financiación.

Más de 10,72 millones de contribuyentes en España percibieron en 2024 rendimientos del trabajo inferiores a 20.000 euros brutos al año, según una respuesta parlamentaria del Gobierno recogida por idealista el 13 de octubre de 2026.

Este dato incluye no solo salarios, sino también pensiones y prestaciones por desempleo. Por tanto, no representa exclusivamente a trabajadores por cuenta ajena, sino a contribuyentes con distintas fuentes de ingresos del trabajo.

La cifra pone sobre la mesa una cuestión relevante para quienes quieren comprar una vivienda: los ingresos disponibles condicionan cuánto dinero puede destinarse al pago de una hipoteca y qué precio de compra resulta asumible.

Sin embargo, cobrar menos de 20.000 euros anuales no implica automáticamente que una persona no pueda conseguir financiación. Cada entidad estudia las circunstancias económicas del solicitante y la viabilidad de la operación.

Cuando una persona solicita una hipoteca, el banco analiza su capacidad para devolver el préstamo. Para ello, tiene en cuenta sus ingresos actuales y previsibles, sus gastos, las deudas pendientes, sus activos y otras circunstancias financieras.

El Banco de España explica que las entidades realizan un estudio de viabilidad antes de decidir si conceden la financiación. También pueden consultar la información disponible sobre los préstamos que tiene el solicitante y comprobar si existen impagos registrados.

Por este motivo, el salario es importante, pero no es el único elemento que determina el resultado. Dos personas con los mismos ingresos pueden tener posibilidades de financiación diferentes si una dispone de ahorros elevados y no tiene otras deudas, mientras que la otra afronta varios préstamos y gastos mensuales.

La estabilidad de los ingresos y la capacidad para mantener el pago de la cuota durante toda la vida del préstamo también forman parte del análisis.

Antes de buscar una vivienda, conviene calcular qué parte de los ingresos mensuales puede destinarse al pago de las deudas sin comprometer los gastos esenciales.

El Banco de España señala que el endeudamiento total no debería superar, como referencia general, el 40% de los ingresos netos mensuales. Este porcentaje incluye la hipoteca y otras obligaciones, como préstamos personales, financiación del coche o pagos aplazados. No se trata de un límite legal universal ni de una garantía de concesión: cada entidad aplica sus propios criterios de riesgo.

Por ejemplo, una persona que ingresa 1.400 euros netos al mes y no tiene otras deudas debería analizar con cuidado qué cuota puede mantener, teniendo en cuenta también los gastos de alimentación, suministros, transporte y otros costes cotidianos.

No basta con que la cuota encaje en un porcentaje determinado. La operación debe dejar margen suficiente para afrontar imprevistos y mantener una economía doméstica sostenible.

Además de los ingresos, el dinero ahorrado es otro factor importante para quienes necesitan una hipoteca. Habitualmente, el comprador debe aportar una parte del precio de la vivienda con recursos propios y disponer de fondos adicionales para cubrir los impuestos y gastos asociados a la compraventa.

Cuando los ingresos son reducidos, reunir ese ahorro puede resultar más difícil, especialmente si una parte importante del sueldo se destina al alquiler y a los gastos habituales.

Por eso, la planificación debe comenzar antes de elegir una vivienda. Conocer el ahorro disponible, calcular los gastos de la operación y estudiar el importe que sería necesario financiar permite establecer un presupuesto realista.

También conviene comparar distintas opciones hipotecarias. El tipo de interés, el plazo, las comisiones y los productos vinculados pueden influir en el coste total del préstamo y en la cuota mensual.

La dificultad para acceder a una hipoteca no depende únicamente de cuánto cobra una persona, sino de la relación entre sus ingresos, sus gastos, sus ahorros y el precio de la vivienda que quiere comprar.

Por eso, antes de iniciar una operación, es recomendable estudiar la viabilidad de la financiación y comparar las alternativas disponibles. Este análisis ayuda a identificar qué importe podría resultar asumible y qué aspectos del perfil económico convendría revisar antes de solicitar el préstamo.

Un bróker hipotecario puede acompañar al comprador en este proceso, analizar su situación económica y comparar las propuestas de distintas entidades para buscar las condiciones que mejor se adapten a su perfil. La decisión final de conceder la hipoteca corresponde siempre al banco.

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